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Una estrategia para obtener mejor calidad de vida por medio de la Educación lograda a través de la PARTICIPACIÓN SOCIAL.

Durante los años recientes se ha usado con mucha frecuencia la palabra participación y no siempre con los mismos significados.  Sin embargo, en contextos que se refieren a la educación o a la realización de proyectos, se considera que la participación es un proceso clave para el desarrollo social.

La participación puede entenderse como colaboración,  como organización,  como un proceso de desarrollo individual y grupal, como un proceso de autogestión y adquisición de poder.

  1. La participación como colaboración

En muchos programas educativos, la participación se hace consistir en lograr una movilización de  las personas para asegurar su colaboración.  En esta forma de participación, las decisiones esenciales sobre las acciones por desarrollar y las reglas de juego están previamente establecidas por un individuo o un grupo que hace las veces de organizador central.

Se trata de una forma pasiva de participación.  Se promueve la asistencia a reuniones de grupos para capacitarse y entender el proyecto, porque se consideran muy útiles.  También se pide la asistencia de los ciudadanos para evaluar si se han cumplido los cometidos asignados.

En este tipo de participación, los promotores son los que saben y conocen los proyectos, y su trabajo consiste en atraer  a los ciudadanos para que se adhieran a esos proyectos.

  • La participación como organización

Otra manera de promover la participación consiste en motivar  a los ciudadanos para que se organicen,  ya que se sostiene que sólo a través de la participación organizada  se logran efectos duraderos en los proyectos.  En  este sentido, la participación es un proceso mediante el cual las comunidades, las localidades, o los ciudadanos se organizan para identificar sus propias necesidades y  colaborar en el diseño, organización y evaluación de los proyectos.

El objetivo principal de esta forma de participación es crear las condiciones para que los grupos ganen fuerza psicológica para resolver sus problemas.  El lema principal puede ser la unión hace la fuerza o, la solución somos todos.

Conviene tener presente,  sin embargo, que la organización de grupos no conduce automáticamente a la participación: las organizaciones pasan por diversas fases de desarrollo y si la organización responde sólo a un objetivo concreto y cercano, es muy común que tan pronto se consiga  o si su consecución es muy larga, la organización se termine.

Por  ejemplo, si  se trata  de resolver el problema del agua, es posible que un grupo de personas que carecen de  ella se organice, pero con frecuencia en cuanto consiguen el objetivo deseado,  ya no existe ningún interés en seguir participando en el grupo.

La participación organizada se puede convertir en un proceso mayor de transformación, es decir, es un proceso educativo: esto sucede cuando existe la posibilidad de mantener la organización en proyectos cuyos objetivos son más lejanos y no se agotan en sí mismos: es decir, cuando lo que se busca es seguir creciendo como personas o como grupo.

  • La participación como proceso de desarrollo individual y grupal

En realidad, pocas organizaciones se inician desde la base sin ningún tipo de ayuda externa, porque aunque hay promoción, invitaciones y buena voluntad la gente no sabe cómo participar, y además porque se le invita para cambiar una situación educativa, cultural, económica o social que muchas veces ni siquiera es consciente  de que deba cambiar.

Cuando la participación se convierte en un proceso que va más allá   del desarrollo de una organización para cambiar algo de lo que nos rodea, y lo que importa es desatar un proceso de desarrollo humano, con el cual las personas crecen como individuos capaces de responder a los problemas que tienen   que enfrentar, se está hablando de una participación que educa.

Así entendida, la participación es un proceso en el que las personas  y los grupos desarrollan acciones estimulados por sus propias ideas y decisiones, sobre las cuales asumen el control. Mediante sus iniciativas, descubren sus potencialidades,  usan sus facultades y recursos, desarrollan su creatividad y crecen a nivel individual y colectivo.

Desde esta perspectiva, la participación es un proceso de cambio de actitud, de descubrimiento de valores, de comunicación y de desarrollo de métodos de pensamiento y de acción.

  • La participación como un proceso de autogestión y adquisición de poder

Sin embargo, la participación puede ser aún algo  más que un proceso de desarrollo individual y grupal.

En años recientes, la  participación se ha concebido como un proceso de adquisición  de poder, es decir, se ha descubierto la dimensión política que tiene la participación.  En este sentido, participar significa tener acceso real:

  • a los procesos de toma de decisiones y
  • a los recursos necesarios  para administrar autónomamente los proyectos elegidos y diseñados por las personas, los cuales se orientan hacia objetivos definidos por el grupo.

La participación  así entendida es fundamentalmente dinámica; se caracteriza por la creación o ampliación de los espacios psicológicos y políticos en los cuales los grupos funcionan y emprenden acciones.  Cuando se da este tipo de participación, los proyectos emprendidos se convierten en poderosas estrategias para el desarrollo social, político y económico de los individuos, los grupos o las regiones.

Este tipo de participación exige:

  1. La estructuración de grupos que generan acciones que vayan más allá de los         programas que ofrece el promotor.
  2. Un  proceso educativo no institucionalizado desde fuera del grupo mismo; proceso que se centre en la reflexión, en la propuesta de nuevos aprendizajes, y particularmente en la transformación de las relaciones individuales y grupales.
  3. Una forma de apoyo del promotor que motive y desencadene procesos educativos, es decir, adquisición de instrumentos o medios que permitan a las personas  transformar las relaciones que tienen consigo mismos, con otras personas o con su entorno.

En resumen

Al hablar de participación social  se quiere hacer hincapié en el compromisode toda la sociedad para resolver  los problemas educativos.  Pero cuando se dice “toda la sociedad” se corre el peligro de que cada uno piense que el compromiso es de los demás: “que bueno que la gente se ocupe de la educación”… “por supuesto que es muy bueno que todos hagan algo por mejorar la educación”… y las personas concretas, las  que tenemos nombre y domicilio,   nos excluimos.

Sin duda recordamos que la sociedad organizada reconoce diversos sectores que la componen: el Sector Público, el Sector Privado, el Sector Social.  Al solicitar la participación social lo que se pide a todos los sectores de la sociedad es manifestar mediante acciones concretas que los mexicanos estamos construyendo una historia en la cual ponemos en común parte de nuestro tiempo  haciendo educación , juntos, solidariamente: aprendiendo y promoviendo el aprendizaje en personas con nombre y rostro.

Si queremos que México prospere, que México cuente con personas mejor preparadas para resolver problemas, para tener acceso a la información y adueñarse de su porvenir, es necesario desatar procesos educativos en todas las personas, en todas las familias, en todos los lugares de trabajo, de encuentro, de diversión, de convivencia.

Justamente es esta la intención de que se organicen los Consejos Municipales de Educación en nuestro país así como los Consejos  Escolares de Participación Social en la Educación. Pero no basta ofrecer los servicios si no existen personas interesadas en utilizarlos, y tampoco si no existe personal que se ocupe de ofrecerlos y de promover aprendizajes.

Esto nos obliga a reflexionar que:

En México tenemos  servicios educativos organizados y cuya bondad y eficacia está probada.  También tenemos necesidades educativas apremiantes y generalizadas.

Necesitamos, sin embargo, organizarnos en cada una de nuestras escuelas, comunidades y municipios para que las personas que ya han recibido beneficios educativos los compartan uniendo necesidades con servicios, y recordando a todos los  mexicanos que el primer compromiso educativo es con uno mismo.

El compromiso personal es importante y permite llevarlo también como compromiso escolar, familiar y municipal.  Si logramos promover que los mexicanos revisemos cómo son nuestras relaciones con nosotros mismos, con los demás, con lo que nos rodea, con la naturaleza , como acción individual y grupal… y nos comprometemos a mejorar esas relaciones , a informarnos y apoyarnos para transformar esas relaciones, así participaremos solidariamente para transformar nuestras escuelas, bibliotecas, centros de recreo, etc. en verdaderos lugares donde convivamos mejor y produzcamos mejor.

Por ello, es necesario promover la participación organizada de los sectores de la sociedad en la acción educativa.

Hay que promover la participación y despertar  actitudes solidarias tanto para que se utilicen los servicios educativos del Estado como para que las personas compartan con otros lo que saben en:

  • El Sector Público: oficinas y dependencias del Gobierno Municipal;
  • El sector Privado: grandes y pequeñas empresas, fábricas, tiendas, laboratorios, constructoras…
  • El Sector Social: organizaciones, clubes, cooperativas, iglesias, sindicatos.
  • Las instituciones educativas: secundarias, bachilleratos, universidades, institutos tecnológicos, centros de investigación.

De este modo, y sólo así, la genuina Participación  Social incidirá en la Calidad de la Vida de cada uno de nosotros. Entonces la palabra Educación habrá recuperado su legítimo sentido y el ejercicio de educar su más  excelsa razón de convertirse en nuestra “propia empresa”.

Luis G. Benavides I.

Consultor Internacional, actualmente: Director General del 

Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE)

Toda la información sobre los posgrados CIPAE la encuentras en: http://posgrados.cipae.edu.mx

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